
Continuamos viendo que a pesar de que los argumentos en contra de la sal son importantes una persona sana requiere un aporte mínimo diario de 300 miligramos de cloro y 200 miligramos de sodio (esto equivale a 2 o 3 gramos de sal al día) para que su organismo funcione correctamente. A continuación veremos los diferentes tipos de sal para que puedas valorar cual se ajusta más a tus gustos:
– Sal mineral o gema: es la más habitual y económica, procede de yacimientos o minas que se encuentran en zonas donde antes hubo mares que acabaron secándose, está cristalizada y tiene una textura basta que se refina antes de llegar a nuestras manos.
– Sal marina: obtenida del agua del mar y aunque se considera de mayor calidad que la sal de gema realmente solo contiene algunos minerales más, sus propiedades son muy similares.
– Sal yodada: es sal marina, contiene una gran cantidad de yodo necesario para que nuestro tiroides produzca las hormonas necesarias para evitar el bocio (crecimiento anormal de la glándula tiroides), la obesidad o el nerviosismo.
– Flor de sal: se obtiene de la parte superior de las salinas, normalmente se comercializa en escamas gruesas y es ideal para preparar pescados o verduras a la planta.

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